En el marco del tercer Tianguis Internacional de Pueblos Mágicos, realizado del 28 al 30 de junio en la ciudad de San Antonio, Texas, la Secretaría de Turismo del Gobierno de México nombró 12 nuevos barrios mágicos, entre los que sobresalen un par en el Estado de México.
Conoce los atractivos de estos destinos con historia y atractivos a menos de una hora de la CDMX.
¿Qué son los barrios mágicos?
Barrios mágicos es el nombre del programa presentado por la Secretaría de Turismo de México (Sectur) en septiembre de 2022.
Su propósito es el de reconocer el valor turístico, histórico y cultural de ciertas zonas, colonias o barrios dentro de c iudades que, por este motivo, no podían ser elegibles como pueblos mágicos.
De igual manera, el programa busca ampliar la oferta de experiencias para quienes recorran el territorio nacional, impulsando el desarrollo de las comunidades.
De acuerdo con Miguel Torruco Marqués, titular de la Sectur, “el barrio mágico representa un espacio en el que se combinan historia, cultura, gastronomía, productos y servicios, así como la convivencia de la población local con los visitantes. Es un lugar donde se puede descubrir el ‘espíritu’ y esencia de una ciudad”.
Barrio mágico de Tenayuca
Comenzamos en el barrio de Tenayuca, de calles empedradas y una gran plaza con palmeras, bautizada como Wichita (en honor a la ciudad estadounidense). Su principal atractivo turístico es una zona arqueológica.
Esta fue el primer asentamiento chichimeca importante en la Cuenca de México, fundado en el año 1250 por el gobernante Xólotl. De este importante centro ceremonial hay que resaltar un templo escalonado dedicado a Tláloc y a Huitzilopochtli, con una muralla de serpientes labradas que rodea el edificio.
Al igual que Tenayuca, Santa Cecilia también cuenta con una plaza donde hay una zona arqueológica, un museo de sitio y una iglesia colonial, aunque en este caso es más pequeña y está rodeada de algunos callejones empedrados.
De la época prehispánica sobrevive un basamento piramidal bien conservado, con un adoratorio en su cima, dedicado a Huitzilopochtli y Tláloc. Se cree que fue construido por indígenas provenientes de Teotihuacán, aunque la zona fue ocupada por tepanecas y posteriormente mexicas.
A unos metros se encuentra una casa de campo de 1832, que fue renovada para albergar el Museo de la Escultura Mexica Eusebio Dávalos Hurtado, donde se exhiben esculturas prehispánicas del sitio, así como algunas salas recreadas a la usanza del porfiriato.
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Muy cerca, los españoles construyeron el templo de Santa Cecilia en el siglo XVI. Es pequeño y muy austero, con algunos detalles de estilo barroco. En su interior aún se conservan algunas pinturas con iconografía católica.










